50 años del golpe del '76

Creo que hoy, a 50 años de la época más oscura de nuestra historia, teniendo en cuenta el clima de época, el lema “memoria, verdad y justicia” es una bandera que es necesario levantar. En los últimos años los negacionistas salieron de abajo de las piedras, siempre estuvieron ahí, pero se habían encontrado con una sociedad que no los avalaba. Hoy la violencia política es moneda corriente, incluso por parte del propio gobierno nacional.

Cuando se habla del tema nos quieren correr con números, si fueron o no 30 mil, que quiénes son, que fueron 9 mil, que eran asesinos. Pienso que discutir números es simplemente darles pie y también me parece estúpido.

Quienes sostienen la teoría de “los dos demonios”, por lo general, son los mismos que pusieron el grito en el cielo al aprobarse la ley de la interrupción voluntaria del embarazo, argumentando a favor de el famoso derecho a la vida. ¿Qué importa la vida cuando se trata de personas que no piensan cómo nosotros, no? Se justifican diciendo que eran asesinos y terroristas. En ese caso la constitución no vale nada. Pero entre los desaparecidos (sean la cantidad que sean) había militantes, estudiantes, bebes, mujeres embarazadas, y guerrilleros. Volviendo a la constitución, ¿acaso esta no prevee garantías y derechos como el juicio previo, la defensa en juicio, el juez natural?

Art. 18.- Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice.

Entonces lo justo hubiese sido que esas personas fueran llevadas a juicio, con patrocinio letrado, que tuviesen una condena basada en las leyes existentes, que pasaran su condena en prisión, así como se hizo con los genocidas en 1985.

Si quieren datos, números, nombres, pídanselos a los militares, a los cuales funcionarios de este gobierno van a visitar a la cárcel. De los números que si podemos hablar son de los económicos. Martínez de Hoz presentó un proyecto de “recuperación, saneamiento y expansión de la economía argentina”, basado en medidas neoliberales como la liberación de precios, de importaciones, el libre mercado de cambio, quita de retenciones a exportadores, eliminación de subsidios, toma de deuda con el FMI... todas muy familiares en esta época. “Achicar el Estado es agrandar la nación”.

Ahora sí, hablemos números. Tras siete años de dictadura cívico-militar (1976-1983), la deuda aumentó un 364%; el producto industrial cayó en un más del 20%, la ocupación industrial redujo en un 35% su personal de producción; la participación de la industria en el producto bruto interno disminuyó del 28 al 22%; la inflación durante 1976 alcanzó un nivel sumamente elevado, con una tasa anual acumulada del 444,1% según datos del INDEC.

No me parece correcto decir que no importa cuántos son los desparecidos, porque me parece esencial reclamar por ellos, dónde están, quiénes son, pero no a las victimas del terrorismo de Estado, sino a los perpetradores de los crímenes de lesa humanidad. Pero si me parece necesario recalcar que de haber sido 1, 9.000, 30.000 o más, el reclamo sería el mismo.

No creo estar diciendo nada muy original, nuevo, revolucionario. Pero siento que, en una época donde discutir cosas que creíamos estaban consensuadas es una constante, es necesario repetir hasta el cansancio lo que nos parecen obviedades. Aclaro, no voy a dejar de repetirlo nunca, no creo cansarme de defender los derechos humanos.

Me gustaría terminar citando al fiscal Julio César Strassera, quién trabajó en el juicio a las juntas.

Salvo que la conciencia moral de los argentinos haya descendido a niveles tribales, nadie puede admitir que el secuestro, la tortura o el asesinato constituyan “hechos políticos” o “contingencias del combate”. [...] A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Esta es nuestra oportunidad: quizá sea la última.

[…]

Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria.

Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino.

Señores jueces: “Nunca más”.



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